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| LA HISTORIA DEL DIEZMO |
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Posted on 04-07-2007 8:45:35 UN DÉCIMO DEL INFINITO: LA HISTORIA DEL DIEZMO Madre Tierra/GAIA a través de Pepper Lewis – Agosto 2003 info@thepeacefulplanet.com Traducción: Anita Manasse estrellam@sion.com He comenzado a reconocer la instancia del diezmo en mi vida como una fuente de abundan-cia, nutrición y sabiduría. El diezmar me ha enseñado a creer en la confianza, fe y magia. Me ha per-mitido experimentar un cambio interior desde el miedo a la alegría y me ha mostrado que estoy apo-yado por dimensiones y reinos más allá de mi conocimiento. ¿Podría usted describir la energía del diezmo Gaia? ¿Qué papel desempeña para ayudar a la humanidad en este momento? ¿Hay alguna historia que podría compartir con nosotros de gente que ha vivido de acuerdo con el diezmar? ¿Tiene algunas sugerencias actuales en cuanto a traer el tema a un mayor equilibrio y percepción de cada uno? P. Gilbert Topanga, CA Su pregunta ha sido sopesadamente formulada, bien hecha y humilde en sus fundamentos. Es una pregunta que ha sido formulada a través de la historia de este mundo y de otros mundos ante-riores. Su verdadero origen data de hace mucho tiempo atrás; sus raíces van más profundas de lo que ustedes ahora pueden recordar. Comencemos con una manifestación de la premisa que dice que el universo es tan infinito como su suministro es incesante. Y a fines de la claridad vamos a incluir la definición del libro de texto de diezmar, la cual es literalmente el ofrecimiento de un décimo de los bienes de uno y de las ganancias durante un cierto período de tiempo. El origen de la palabra es hebrea y es bastante antigua, tal como se pueden imaginar, pero mucho antes de que existiese una palabra para definir una experiencia, la experiencia aún existía. Aquellos que nombraron la experien-cia también le dieron forma, y la forma le dio densidad. En su sentido más puro, el diezmo existe en un estado de gracia perpetua. Es elegante por naturaleza, hermoso para percibir y con movimiento dignificado. Su capacidad expansiva tolera, libe-ra, acomoda y perdona. Es amor infinito en acción y ejemplifica la Ley de la Buena Voluntad. Por el contrario, también tiene una contraparte densa que incluye la hipocresía, obligación, juicio, culpa, tributación y gravamen. El amplio espectro que separa estos opuestos aparentes existe solamente en la mente, porque nuestra premisa garantiza que el universo es infinito en su suministro. ¿Qué fórmula matemática expresa un décimo del infinito? La pregunta en si misma da origen a una paradoja dentro de una paradoja, una de la que no hay escapatoria. Dado lo que hemos descubierto hasta ahora, ¿es necesario el diezmo en un universo infinito? No. ¿La creencia activa en el diezmo lo engancha a uno automáticamente en la escuela de la limitación? No. Las paradojas frecuentemente dan origen a más paradojas, y esa no es una excepción. El universo es una extensión ordenada de Todo Lo Que Es. El mismo existe en una condición de libro albedrío, el cual está libre de pecado. Un pecado no es una ofensa moral o ética. Un pecado es un acto, pensamiento o comportamiento que existe fuera de Todo Lo Que Es. Como ningún pen-samiento o acto puede existir fuera de Todo Lo Que es, ahora con seguridad podemos asumir que el universo está libre de pecado, irreprochable e ilimitado. Cuando hace mucho tiempo atrás el espacio y tiempo fueron formados en una ilusión llamada forma y densidad, nació el diezmo. El diezmo fue la respuesta del Creador al sustento infinito expresado dentro de un contexto de estructura finita. Origi-nalmente, se lo comprendió como La Ley de la Bendición Infinita. Más adelante fue reducido a una Ley de la Abundancia, con menor resonancia. En el momento en el cual el diezmar se aceptó social y culturalmente, ello era poco más que un gravamen voluntario, un código de conducta moral o ético con el cual vivir. En el sentido más puro, el diezmo sugiere que debido a que algunos tienen, todos pueden tener. Ello reconoce que la sin forma infinita puede ser expresada dentro de la forma finita, pero sin limitación. Es la respuesta a la paradoja, pero esto solamente es el comienzo de la historia. Hace mucho tiempo atrás una fórmula alquímica muy específica fue escrita dentro de los pasillos y corredo-res del tiempo. Fue dejada para aquellos que eran adictos a interpretar que el tiempo no solamente era infinito, sino portátil también. En otras palabras, se lo podría llevar de aquí para allá, si uno com-prendía sus propiedades. El tiempo portátil no se hallaba limitado a un período de tiempo específico, porque era indefinido: era contextual, pero no secuencial. El tiempo contextual o portátil podía ser expandido o contraído, tal como lo dictaba la necesidad o el deseo, lo que significa exactamente la forma en la que ciertas civilizaciones llegaron y se fueron de acuerdo a la voluntad, desplegando el tiempo dentro de un cierto contexto o comprensión y luego plegándolo de nuevo cuando la experien-cia se había completado. El tiempo portátil también era abundante, no había escasez de tiempo en aquel entonces, tal como lo parece haber hoy en día. El tiempo no era un abstracto infinito, pero era asincrónico. Su me-dida trabajaba para la humanidad en lugar de contra ella. Los humanos en aquel entonces no enveje-cían como sucede hoy en día, porque ellos se relacionaban en forma diferente con el tiempo. Antiguas obras de arte y manuscritos bosquejaron cosechas abundantes y temporadas sufi-cientes. Es más lo que se puede recabar de los remanentes del pasado de lo que actualmente se interpreta. Los antiguos comprendían la duplicidad o naturaleza dual del tiempo, y supieron aprove-charla bien. Más adelante el tiempo se hizo sincrónico y comenzó el envejecimiento. El tiempo sin-crónico algunas veces era descrito como un hombre viejo con una barba blanca. La indicación era de que uno ya no podía conseguir mayor sabiduría mientras se hallaba perdido en la belleza y el tiempo ilimitado de la juventud. Cuando nació el tiempo sincrónico, el mundo se hizo finito. La juventud no podía ser desper-diciada y los momentos malogrados no podían ser escatimados. Las cosechas se limitaron a tempo-radas y zonas específicas, y los trabajadores no se podían dar el lujo de estar ociosos. La Ley de la Abundancia se hallaba vigente en aquel entonces tal como lo está hoy en día, pero pocos le presta-ron atención y menos aún se alinearon con ella. El tiempo sincrónico trajo aparejado lapsos de vida más cortos. Buena salud y fortuna ya no siguieron siendo la norma, sino que era algo que uno ansia-ba y anhelada y por lo que oraba. El tiempo sincrónico no comenzó en el momento en el que el tiempo asincrónico terminó, y hubo un tiempo de superposición que durante muchos siglos. Hay mucha discrepancia en los perga-minos de su historia con respecto a este período de tiempo, porque debido a que muchos perecieron por la vejez, otros nacieron a las semanas los unos de los otros y continuaron viviendo en aparente perpetuidad. Todos estuvieron envejeciendo, pero en proporciones variadas, dependiendo en su ma-yor parte de su estructura celular ancestral, como así también de las creencias a las que se adherían. Aquellos que envejecieron con mayor rapidez comenzaron a creer que eran inferiores, y esta creencia solo hizo que envejecieran con mayor rapidez. Aquellos que envejecieron con mayor lentitud llegaron a creer un mito común de que eran similares a dioses o por lo menos que eran hijos e hijas de dioses. Aquellos que envejecieron más rápidamente llegaron a ser denominados como inferiores o nacidos inferiores y aquellos que parecería que nunca envejecían se llegaron a llamar como de una cuna más elevada, perpetuando el mito de que eran dioses, cuyo hogar eterno se hallaba en el cielo. La mayo-ría de los de cuna más elevada tenían ojos azules, mientras que el marrón era el color de ojos pre-dominante de los inferiores, así que los ojos azules se convirtieron en un buen presagio para una larga vida y como recordatorios del cielo. Los ojos marrones eran como la tierra, y es así que tenían poca promesa de buena fortuna. Los seres humanos divinos sabían que ellos no tenían el poder de brindar una vida prolonga-da a los de nacimiento inferior. Mayor era la compasión porque muchos grandes amores fueron sepa-rados por el tiempo en lugar de las circunstancias. Con simpatía y compasión frente a los cambios irreversibles que tenían lugar, aquellos que vivieron durante mucho tiempo en la tierra, inventaron un sistema por medio del cual se podían enriquecer, aunque sea en forma temporaria, las vidas de los de menor vida. El sistema otorgó un décimo tanto de tiempo y sacrificio a ser diezmado a cuenta de cada uno de los de nacimiento inferior. El sacrificio podía ser una labor o podía ser una reducción de una labor. Las riquezas aún seguían ganándose, pero también podían ser otorgadas. El tiempo no era posible comprarlo, pero se lo podía brindar. Nadie estaba obligado a diezmar; aquellos que lo hacían voluntariamente lo hacían desde el corazón. Mucho tiempo después de haberse adquirido esta costumbre, se continuó con la tradición, pero como con todas las cosas temporarias y tempora-les, la corrupción y la malevolencia encontraron la forma de asentarse. El tiempo sincrónico ahora se hallaba firmemente anclado en la tierra y los seres similares a dios habían partido hace mucho tiempo atrás. Aquellos que encarnaban en la tierra lo hicieron en el tiempo secuencial en lugar del contextual. En otras palabras, la rueda kármica de nacimiento y rena-cimiento ahora eran los guardianes del tiempo. El tiempo asincrónico era expansivo, pero el tiempo sincrónico no lo era. La conciencia le cedió lugar a la inconciencia y el tiempo se convirtió en una medida cuyo valor podía ser calculado, un artículo que podía ser poseído, controlado, comprado y vendido. Los sacerdocios y reinos ahora estuvieron en el lugar en donde los de cuna elevada una vez habían sacrificado el tiempo y dado el diezmo a los de nacimiento inferior. Ellos vieron poca y ninguna razón para brindar sacrificios cuando en cambio podían ser recibidos. Ellos vieron aún menor razón para diezmar si podían cobrar impuestos. Un décimo del infinito ahora se convirtió en el diez por cien-to de la unidad doméstica, una suma que incluso pudo ser calculada por la mente más simple. La mayoría de los sacerdocios no tenían la autoridad para imponer o cobrar impuestos de la comunidad a la que servían. En cambio idearon medidas legales por medio de las cuales ellos dialogaban e in-tervenían con deidades y dioses pasados, por cuenta de aquellos que no eran considerados como calificados para hacerlo. En cambio recibieron un diezmo para el dios, llamado más adelante un buen diezmo, y la codiciosa ley de la compensación espiritual se extendió en forma incontrolada a través de todos los países y de la mayoría de las religiones. Las espirales y las arenas del tiempo han cambiado muchas veces desde entonces. Las civi-lizaciones han llegado y se han ido y continentes magníficos han desaparecido bajo las olas. Los reinos y culturas han caído de alturas gloriosas, dejando que grandiosos concejos y líderes benevo-lentes fuesen reemplazados por gobiernos, corporaciones, monarquías y tiranos. Las tributaciones y aranceles les han enseñado a los ciudadanos a sustraer antes de que si quiera hayan aprendido a sumar, y la Ley de la Abundancia se halla enterrada bajo las ruinas del tiempo asincrónico. Los go-biernos ahora tributan por decreto como así también a la fuerza. Se han diseñado sistemas intrinca-dos por medio de los cuales los impuestos son gravados sobre la mayor parte de las entradas, ga-nancias e incluso compras. Las autoridades para imponer y cobrar los impuestos han sido estableci-dos para los pocos y los muchos, los escrupulosos y los inescrupulosos. El poder ahora está ham-briento por mayor poder, y se ha convertido en una máquina volátil que asume, abusa y usurpa. Mientras que la humanidad le permita a otra entidad, autoridad, gobierno o sistema de creen-cias a controlar su poder, se va a someter ella misma y a sus hijos a los impuestos. Aquello que hoy en día se llama diezmar, es poco más que un impuesto no confirmado; es una imposición del que contribuye voluntariamente y del que no tiene ganas de contribuir. Es un sistema mal concebido alen-tado por aquellos que se benefician con el mismo y apoyado por los que temen cambiarlo. Escondido dentro de los documentos de la historia hay verdades que apoyan estas palabras y cuando se descu-bran reintegrarán la riqueza a la gente, quitada por los gobiernos avaros, de las corporaciones e igle-sias. ¿Se considera al diezmo un acto caritativo? Sí, mientras no sea concebido en la inocencia y simplicidad del corazón y ofrecido gozosamente. ¿No tiene que seguir una costumbre, tradición o porcentaje. La caridad o una donación caritativa también se considera un diezmo? Depende de la conciencia que se halla presente en el momento en el que se lo considera. Por ejemplo, si la dona-ción caritativa es una caja llena de artículos superfluos sacados de un altillo atiborrado y dejado caer en el próximo recipiente de recolección, entonces es una contribución caritativa, pero no es un diez-mo. ¿Por qué? Porque el intento original era que el altillo de su casa fuese más habitable, ¿lo ven? La mejor forma de definir a la caridad es como una provisión voluntaria de dinero, materiales o ayuda ofrecida a aquellos que se puedan beneficiar con ello. La verdadera caridad incluye la aceptación imparcial de otros; es la tolerancia expresada en su medida más grande. La caridad observa sin jui-cio. No les pide determinar quién necesita versus quién no necesita. ¿Es una donación un diezmo? Si, si es dada voluntariamente y sin obligación o expectativa de reintegro. El donar significa dar, presentar o contribuir algo cuando una buena causa se presenta a si misma. La ciencia tiene su propia definición de lo que es donar, la cual es la de transferir electrones a otro átomo o molécula en una reacción química, y eso es exactamente lo que sucede cuando se brinda un verdadero diezmo! Se experimenta una reacción física y no física dentro de todo el ser de uno, uno que promueve la alquimia y magia dentro de la esfera (de influencia) de uno. El diezmar es inspirar a otros hacia la grandiosidad por medio del pensamiento consciente, acto, acción u oración. El verdadero diezmo existe en un estado de gracia. Es elegante, suave en forma y movimiento, digno y cortés, de comportamiento decente, y hermoso de presenciar. El verda-dero diezmo incluye una capacidad para tolerar, acomodar y perdonar. En otras palabras, no se juzga a si mismo como valedero de iniciar el diezmo o a otro no valedero de recibirlo o de utilizarlo en forma necia. El diezmar es una demostración de amor infinito, misericordia, servicio y buena voluntad. El mismo comienza con una condición de estar libre (de pecado) y luego ofrecer lo mismo a otros. El diezmo no compra o promete una vida eterna o cualquier otra cosa, y no borra otras obli-gaciones que ustedes puedan haber contraído en otro lado. Trae aparejado una aceleración, un espí-ritu dador de vida. Como un acto creativo es completo en si mismo. El mismo no requiere nada y no pide nada, pero le ofrece todo al TODO. Den el diezmo porque su corazón los insta a hacerlo, pero no hipoteque su casa o su alma para construir una iglesia o un altar a Todo Lo Que Es. ¿Se gana algo con diezmar? Sí, pero ustedes no estarán en condiciones de señalar con el dedo lo que pudiera ser. ¿Qué se gana con vivir plena y completamente cada día, ¿lo ven? Durante el lapso de una vida, la respuesta es expresada exponencialmente. Los orígenes del diezmo aún están presentes y su fórmu-la cósmica está intacta. La ley universal del reintegro infinito y la ley terrenal de la abundancia aún guían el proceso. Todo lo que le dan a otro también se lo dan a ustedes mismos, no puede haber otra forma. ¿Qué es lo que diezman? ¿Qué pasa si no tienen nada para dar, o tanto que es difícil saber cuando no diezmar? Tal como se dice, la caridad comienza por casa. Comiencen siendo generosos con ustedes mismos y luego vean dónde existe aún la generosidad dentro de ustedes. Verán, el acto de llevar a una mariposa nocturna a salvo a la puerta, en lugar de ver como su fuerza vital se extin-gue por el calor de una lámpara, es un acto de generosidad. No se midan a si mismos por lo que ofrecen, y no midan a otros por lo que aceptan o reciben. No se comparen con su vecino porque us-tedes son únicos. Su sendero es el del maestro que demuestra, no el curso del adepto o el discípulo. Permitan que su naturaleza creativa guíe a su corazón, sus manos y los cordones de su bolsillo en todos los intentos, y recuerden siempre que la ley de la abundancia se halla bien respaldada por el Espíritu. Estén dispuestos a recibir como así también a dar, aún si solamente es una ayuda o una palabra gentil la que se ofrece. Palabras gentiles y abrazos cálidos, tal como se sabe, han sido capa-ces de salvar muchas vidas. © Pepper Lewis & The Peaceful Planet, 1999 - 2005 Este artículo se presenta para su lectura y disfrute. Puede ser compartido con otros total o parcial-mente, que lo puedan considerar de valor, siempre y cuando sea para uso personal. Todas las otras reimpresiones, incluyendo transmisiones electrónicas designadas para uso comercial tienen que reci-bir el permiso del autor. Para recibir mensajes adicionales y/o ser agregados a nuestra lista de envíos, por favor manden un e-mail a infor@thepeacefulplanet.com |
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