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Avenida Neuronal 107
Posted on 29-01-2010 14:44:44

Buda y Cristo, aunque son figuras aparecidas en el pasado, son en realidad figuras del futuro
KEN WILBER


Hace apenas dos mil años aparecían dos figuras en el planeta. Sus vidas han dejado tal influencia en los cientos de millones de personas que han seguido sus enseñanzas que, sin duda, son algo más que revolucionarios políticos o grandes médicos. En realidad, Cristo y Buda —uno en Occidente y otro en Oriente— son personajes del futuro que, en su día, abrieron la puerta a la Humanidad de un completo sistema de fórmulas y principios para trascender la conciencia ordinaria y alcanzar el histórico anhelo de una paz profunda y duradera. Se trata de dos formulaciones diferenciadas que, como ríos que fluyen desde montañas diferentes, llegan a un punto oceánico común que las hace análogas.


Cristo centra toda su doctrina en el Amor y se permite el lujo de decir que todo su mensaje a conseguir amar a tu prójimo como a ti mismo. En esta breve frase del Evangelio de la misericordia, Jesucristo da nacimiento a un salto evolutivo que se materializará cuando sus palabras se hagan plena realidad. Un salto por el que la especie humana pasa del Homo Sapiens al Homo Amans.


Buda aparece en India, tan sólo quinientos años antes de Cristo y tras un proceso de intenso trabajo interior hacia la Iluminación. Concreta su intención en hacer cesar el sufrimiento que padece el ser humano. Su doctrina afirma que éste vive inmerso en el sueño del ego temporal y sus correspondientes miedos y deseos. Para salir de esta identificación con la persona, Buda propone un programa de expansión sostenida de consciencia por el que se accederá al Despertar. Un estado de nirvana que, en sí mismo, trasciende a la mente temporal. Un Salto del Homo Sapiens al Homo Lucens.


Jesucristo representa el Amor del corazón; de hecho, será el “Corazón de Jesús” la imagen más luminosa que de Él se transmite. Y es casualmente en Occidente, la cuna de la razón y de la ciencia, donde su mensaje de superación del egocentrismo por amor al otro tiene su mayor difusión. Buda representa la Luz de la consciencia que trasciende la ilusión de la mente. Afirma que somos realidad suprema y, para realizar tal liberación, deberemos trabajar en superar las falsas identificaciones y entrenar la atención. Su doctrina contemplativa e interiorista se difunde en el Oriente planetario.


Ambos personajes son mitificados en la Era Patriarcal de la humanidad. Han sido dos mil años de evolución en los que la consciencia colectiva precisaba encontrar padres supremos, encarnados en figuras mágicas y poderosas a las que venerar. Alrededor de ambas doctrinas se elaboraron formulaciones del despertar que, en aquel tiempo, abrieron una puerta insospechada, tanto a miserables como a desamparados, que jamás soñaron merecer ninguna gracia del alma, como a los que se sentían condenados por la amenaza de la enfermedad, de la vejez y de la ignorancia. Ambos grupos, por vías distintas, acceden a otro modelo mental más liberador.


Pasado el tiempo, cabeza y corazón, corazón y cabeza, abren un proceso de integración como llave de paso a lo Real que los seres humanos, más o menos conscientemente, estamos recorriendo. Y si hace cientos de años se podía llegar a matar por defender la forma en la que cada parte había envuelto sus enseñanzas, en la actualidad sabemos que todos los radios de las ruedas llevan al centro, un estado supraconsciente al que nos dirigimos veloces en un proceso universal de mutación y expansiva Infinitud. La aparición de estos grandes señaladores ha legado un eficaz sistema de indicios para salir del Laberinto y acceder al amor consciente, mediante el despertar de la gran Ilusión.